- ¿Por qué subes aquí?
- Me gusta leer frente al mar.
- ¿El mar?
- Sí, ahí.
- Ahí no hay ningún mar.
- Cierra los ojos y mira hacia allí. Ves el horizonte, bajando la gran montaña nevada. Cruzando el río que surca las verdes praderas, la arena blanca como la sal. Hay un mar inmenso, el mar de las ballenas. A veces, cuando sopla viento del oeste, se pueden escuchar las olas chocando contra los acantilados ¿Las oyes?
- ¿Cómo es el mar?
- Azul.
- Veo a una niña.
- ¿Quién es?
- No sé.
- A veces nos podemos ver a nosotros mismos como nos imaginamos.
- Es sólo una niña.
- A lo mejor eres tú.
- Yo nunca he sido una niña.
- Perdona.
- No te preocupes, ya no está. Ojalá pudiera desaparecer como ella.
- Me gusta leer frente al mar.
- ¿El mar?
- Sí, ahí.
- Ahí no hay ningún mar.
- Cierra los ojos y mira hacia allí. Ves el horizonte, bajando la gran montaña nevada. Cruzando el río que surca las verdes praderas, la arena blanca como la sal. Hay un mar inmenso, el mar de las ballenas. A veces, cuando sopla viento del oeste, se pueden escuchar las olas chocando contra los acantilados ¿Las oyes?
- ¿Cómo es el mar?
- Azul.
- Veo a una niña.
- ¿Quién es?
- No sé.
- A veces nos podemos ver a nosotros mismos como nos imaginamos.
- Es sólo una niña.
- A lo mejor eres tú.
- Yo nunca he sido una niña.
- Perdona.
- No te preocupes, ya no está. Ojalá pudiera desaparecer como ella.
El hombre de arena.
2 pasitos:
Bonita historia, y si encima la acompañas de la música de Amelie no se puede pedir más.
Nos vemos
¿Te he dicho alguna vez que me recuerdas a Momo una barbaridad? Y más leyendo eso de cambiar el euro por las unidades de tiempo (en el otro blog) :P:P
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